“...el nuevo escenario de este fin de siglo ha puesto en cuestión las prácticas y las concepciones teóricas de los movimientos sociales y las ciencias sociales latinoamericanas. Nos enfrentamos a nuevas preguntas y a desafíos inéditos. Es un momento histórico privilegiado para la creación, pero las respuestas a las nuevas preguntas no van a surgir de ningún otro lugar sino de la propia experiencia histórica acumulada. Lamentablemente no hemos acumulado aún los aprendizajes necesarios contenidos en esas experiencias.
La sistematización, como ejercicio riguroso de aprendizaje e interpretación crítica de los procesos vividos, sigue siendo una tarea pendiente y hoy –más que nunca- puede contribuir de forma decisiva a recrear las prácticas de los movimientos sociales y a renovar la producción teórica de las ciencias sociales, desde la experiencia cotidiana de los pueblos de América Latina, en particular de aquellas comprometidas con procesos de educación y organización popular...”
Con estas afirmaciones, presentábamos en 1994 (2)
el reto más importante que debía enfrentar nuestra propuesta teórica y
práctica de sistematización, la cual había surgido de un rico
intercambio de experiencias y de reflexiones con amigas y amigos de
varios países latinoamericanos con quienes nos encontrábamos en la
misma búsqueda. Hoy, en este nuevo encuentro latinoamericano (3),
podemos afirmar que la sistematización de las experiencias está
comenzando a dejar de ser tarea pendiente; que la labor insistente de
muchas personas e instituciones, entre las que se cuentan los esfuerzos
del Programa Latinoamericano de Apoyo a la Sistematización del CEAAL,
el Programa Regional de Formación Metodológica de ALFORJA, el Taller
Permanente de Sistematización del Perú, y varios otros, está sembrando
inquietudes y posibilidades que ya comienzan a dar frutos. Cuanto
más personas, en más lugares, avancemos en la puesta en práctica de
procesos de sistematización, de formas muy diversas -incluyendo las aún
inimaginables- más elementos tendremos para respondernos las preguntas
actuales, y mayores incentivos tendremos para ahondar en la reflexión
teórica y en la elaboración de propuestas de futuro. Entre las
experiencias más importantes que requieren ser sistematizadas, se
encuentran los procesos educativos y organizativos de carácter popular (4)
surgidos al calor de las dinámicas económicas, sociales y políticas que
han marcado nuestro continente en las dos últimas décadas. Recientemente,
por ejemplo, se ha planteado la vital importancia de elaborar una
reflexión conceptual y metodológica sobre ciudadanía y educación
ciudadana, a partir de la sistematización de experiencias relevantes:
la experiencia por el plebiscito en Chile; la campaña por la
democratización en Paraguay; la afirmación de la paz en Colombia; las
campañas por los derechos de las mujeres en prácticamente todos los
países; la sensibilización frente a la problemática indígena en México
y Ecuador; la apropiación de los acuerdos de paz en El Salvador y
Guatemala; la campaña contra el hambre en Brasil y tantas otras
experiencias de educación y participación ciudadana. (5) Asimismo,
se plantea la necesidad de sistematizar experiencias de construcción de
movimientos sociales y políticos amplios, para rescatar lo innovador de
sus formas y métodos de organización e identificar nuevas maneras de
pensar y hacer la política, así como de construir propuestas
alternativas desde la perspectiva popular. Experiencias significativas
como la de los Sin Tierra de Brasil, las Comunidades en Resistencia de
Guatemala, el Movimiento Indígena Zapatista en Chiapas, son una clara
muestra de las potencialidades que se encuentran en la práctica social
de nuestro continente, cuyas enseñanzas urge procesar y compartir.(6) En ese marco, quisiera referirme en forma breve a una experiencia apoyada recientemente por la Coordinación ALFORJA en Guatemala: LA SISTEMATIZACIÓN DE LA EXPERIENCIA EDUCATIVA Y ORGANIZATIVA DE LAS POBLACIONES DESARRAIGADAS DE GUATEMALA (7) Esta
experiencia, proceso inédito en el ámbito educativo centroamericano, se
llevó a cabo a nivel nacional en Guatemala, durante los meses de
setiembre 1995 a octubre 1996. En las décadas pasadas, producto de
la situación de represión que se vivía en el país, cientos de miles de
personas, principalmente comunidades indígenas mayas, tuvieron que
migrar forzosamente de los lugares donde vivían. Así, tuvieron que
buscar otras formas de sobrevivencia, sea como personas refugiadas en
otros países, o como personas desplazadas al interior de Guatemala. En
esas circunstancias de desarraigo, las poblaciones crearon espacios y
modalidades educativas que respondieran a sus necesidades y a las
condiciones que estaban enfrentando. Estos espacios y modalidades, a su
vez, les permitieron desarrollar capacidades y posibilidades para el
futuro. Por todo ello, valorando lo significativo de estas experiencias, a partir de los Acuerdos de Paz (8)
y en el marco del mandato de la Unesco, se decidió recoger sus
aprendizajes de forma colectiva y ordenada, con el fin de aportarlos a
la elaboración de propuestas educativas futuras. Ahí nació la idea de
esta Sistematización. Su principal intencionalidad era, por tanto, el
potenciar una experiencia colectiva de recuperación, análisis e
interpretación de la propia historia, vivida antes, durante y después
del desarraigo. La propuesta metodológica era esencialmente
participativa, quedando en manos de la población desarraigada y sus
organizaciones, las decisiones fundamentales y la responsabilidad de la
ejecución del proceso de sistematización. Por eso, sus principales
actores fueron las doce organizaciones de población desarraigada de
Guatemala, miembros de la Asamblea Consultiva de la Población
Desarraigada ACPD: a) Del grupo de refugiados y retornados:
La Asociación de Educadores Noroccidentales, AEN; la Asociación de
Maestros Educativos Rurales de Guatemala, AMERG; la Organización de
Maestros y Educadores Retornados/Vertiente Sur Guatemala, OMERVESG
(Todas ellas trabajando con refugiados reconocidos, generalmente
agrupados en campamentos en Chiapas, Campeche y Quintana Roo). La
Asociación de Refugiados Dispersos de Guatemala ARDIGUA (quien
trabajaba con refugiados no reconocidos, generalmente dispersos en el
territorio mexicano). b) Del grupo de organizaciones de defensa de los Derechos Humanos:
La Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala, CONAVIGUA; El Consejo
de Comunidades Etnicas Runujel Junam, CERJ; El Consejo Nacional de
Desplazados de Guatemala CONDEG; el Grupo de Apoyo Mutuo GAM, y la
Organización de Mujeres Mamá Maquín. c) De la población desplazada interna: Las Comunidades de Población en Resistencia CPR IXCAN Y CPR SIERRA; Las Comunidades de Población en Resistencia CPR del PETEN. La
Coordinadora Educativa de la Población Desarraigada, CEPD, tuvo una
fundamental participación y acompañamiento constante a lo largo de todo
el proceso.(9) El proceso La sistematización se llevó a cabo en cinco etapas: Primera:
La presentación de la propuesta metodológica por parte de
SERJUS-ALFORJA a las organizaciones de la Población Desarraigada y la
aceptación de la misma. A partir de allí, cada organización paso a
delimitar qué parte de su experiencia iba a sistematizar y a definir
los objetivos que se propondría alcanzar. Segunda:
La capacitación metodológica de las personas de las organizaciones que
animarían la sistematización, para la realización de la recuperación histórica de sus experiencias. Se realizó por medio de un taller de una semana. Posteriormente
(a lo largo de dos meses) ellas harían esa labor en sus comunidades y
organizaciones, con el acompañamiento de técnicos de las ONGs y del
Equipo de Coordinación Metodológica (Talleres, entrevistas colectivas e
individuales, dibujos, llenado de cuadros, poemas, cuentos...) Tercera: Una segunda capacitación en torno a la tarea de interpretar las experiencias.
Igualmente iniciando con un taller general, que diera pautas para
realizar la interpretación (a lo largo de un mes y medio), en las
comunidades u organizaciones. En esta etapa cada organización va
construyendo de manera individual el producto de su propia
sistematización. (Talleres con autoridades, mujeres, niños y niñas,
sacerdotes mayas, jóvenes, responsables de educación, ancianos y
ancianas... para tomar opiniones de toda la gente). Cuarta:
Se realizó un nuevo taller general para elaborar conclusiones,
partiendo de las sistematizaciones particulares hasta obtener elementos
generales. De esta forma se alcanzan productos a dos niveles: un
resultado por organización y un producto colectivo. (Conclusiones
particulares, comparación de distintas situaciones, propuestas y
recomendaciones...) Quinta: La última etapa
consistió en la elaboración colectiva del documento final, con momentos
de redacción individual, talleres, consultas, revisiones y
validaciones. Finalmente, presentación a la dirección de la Asamblea
Consultiva de Población Desarraigada, ACPD. (10) Objetivos y ejes de esta sistematización En términos generales, este proceso buscaba “Realizar
una recuperación y valoración crítica de las experiencias educativas y
organizativas de la Población Desarraigada de Guatemala, que permita: a. Identificar sus riquezas y limitantes. b. Conocer, intercambiar y difundir lo más importante de ellas. c. Aportar a la elaboración de propuestas educativas en el futuro. d. Mejorar las propias experiencias con las enseñanzas que se obtengan del proceso”. Además,
como se dijo, los resultados de esta sistematización deberían servir
como insumos para la elaboración de un Plan Específico de Educación
para la población desarraigada, como aporte surgido desde su propia
experiencia vital. En conjunto con todas las organizaciones se precisó un Eje Central común, donde debían converger los aportes específicos de cada organización. Este era: “Potencialidades y limitaciones de la educación en el desarraigo” Con base en él, cada organización precisó un eje particular. Por ejemplo: - “La formación de promotores en Educación, Salud, Derechos Humanos y su repercusión en la vida del refugio disperso”
- “El caminar de las mujeres de la organización Mamá Maquin”
- “Factores que contribuyen o no en el aprendizaje de los niños y niñas de la CPR-S”
- “Programas y métodos de la AEN”
A su vez, cada eje fue desagregado en sus principales componentes, orientando así los elementos a recuperar y a interpretar. Algunas Enseñanzas - El
principal reto metodológico lo constituyó el hecho que la mayoría de
promotores, sistematizadores, técnicos intermedios, aprendieron a
conocer el método al mismo tiempo que lo fueron aplicando. Con todas
las dificultades que ello implicó, “era la única forma de ser
coherentes con nuestra afirmación de que fueran los actores de la
experiencia los protagonistas de la sistematización” (11)
- Un
aspecto crucial de lo anterior lo constituyeron las dificultades para
procesar las entrevistas y ordenar tanta información que se recogía de
forma desordenada. Sin embargo, “gracias al seguimiento permanente del
Equipo de Coordinación Metodológica y el esmero de los
sistematizadores, aprendieron a ordenar ellos mismos la información y a
hacer síntesis de ésta. Desde el primer ejercicio de recordar el
pasado, ordenar los diferentes eventos, analizarlos y luego
sintetizarlos, y, finalmente, buscar sus sentidos, fueron prácticas que
favorecieron el crecimiento personal de los participantes y
contribuyeron a la adquisición de capacidades de análisis, síntesis y
redacción, de traducir de su propio idioma al español” (12)
- La
recuperación colectiva de la historia vivida, permite objetivar los
distintos elementos que intervinieron, valorarla y reconocer los
factores de identidad que se han mantenido pese a todos los cambios
ocurridos:
“...nos cortaron las hojas y las ramas, cortaron nuestros troncos, pero nuestras raíces nunca lograron cortarlas” Ardigua - El
tener un eje de sistematización central en el que confluyeran los ejes
particulares, así como el tener como guía la reconstrucción histórica
en tres etapas: antes del desarraigo, en el desarraigo y después de él,
fue muy útil para construir un espacio común para compartir y aprender
unas organizaciones de otras, a la vez que respetar las dinámicas y
aspectos específicos de cada organización. Fue clave para la
interpretación de las enseñanzas comunes y las recomendaciones
generales.
- La
experiencia reafirmó la validez de un proceso de interpretación
integral y dialéctico, en particular los siguientes elementos:
- Entender la experiencia con todas nuestras capacidades humanas (mentales, sensibles, emotivas, intuitivas...) - Entender
las diferentes etapas, los cambios más importantes, las razones de esos
cambios y sus efectos. La lógica de todo el proceso. - Entender cómo los momentos de más dificultades contribuyeron a que tuviéramos mayor creatividad para buscar soluciones. - Entender la relación entre lo pequeño y lo grande; lo particular y lo general. - Entender la particularidad de las experiencias dentro de la estructura económica, social, política e ideológica del país. - Entender cómo se ubica nuestra experiencia en el transcurso de la historia. - Entender cómo los elementos culturales y que marcan nuestra identidad están presentes en cada experiencia. - Entender,
a partir de varias experiencias particulares, factores que pueden
apuntar a hacer ciertas generalizaciones y reflexiones teóricas.
“...preguntándole a la realidad, estamos interpretando. Por eso, somos nosotros quienes tenemos que interpretar nuestra historia. Como la hemos vivido nosotros, se nos hace más fácil: podemos ordenarla y entender por qué han ocurrido ciertos hechos.” (Opinión recogida durante el 2º taller, junio 1996) Desde el inicio, nuestra propuesta metodológica consideraba el proceso de sistematización, tan importante como el producto,
en la medida que incorporaría activamente a personas de la propia
población desarraigada como los principales sujetos del proceso,
promoviendo así roles de mayor protagonismo en la vida social y
política del país. Al concluir esta etapa podemos afirmar que
efectivamente la manera de hacer la sistematización ha sido decisiva:
la recuperación histórica, las tareas de ordenamiento, análisis y
síntesis, no sólo fortalecieron la capacidad interpretativa de las
propias organizaciones (que se apropiaron y valoraron críticamente sus
experiencias), sino que fortaleció su capacidad propositiva, teniendo
ahora más elementos, más argumentos y más sentido de unidad para
presionar a favor de su propia propuesta educativa, sustentada y
avalada por la experiencia. INTERPRETACION CRÍTICA Y PRÁCTICA TRANSFORMADORA La
experiencia reseñada de forma muy breve y esquemática en el punto
anterior, fue muy enriquecedora y compleja. Constituye una verdadera
muestra de las enormes posibilidades y potencialidades que puede tener
la sistematización como ejercicio teórico-práctico de interpretación y
transformación de la realidad, como proceso constructor de pensamiento,
de identidad, y de sentido, como factor de unidad y de edificación de
propuestas alternativas, como aporte a la renovación de la teoría y la
práctica de los procesos educativos y organizativos. Nuestra
concepción de sistematización va más allá de la recuperación histórica
y el ordenamiento de información: apunta a constituirse en una profunda
interpretación crítica del proceso vivido, desde donde busca lanzar
perspectivas para lograr cambios cualitativos en la realidad. Veamos
esto con más detalle: La sistematización como ejercicio teórico de producción de conocimientos El
ejercicio de sistematizar experiencias es un ejercicio claramente
teórico; es un esfuerzo riguroso que formula categorías, clasifica y
ordena elementos empíricos; hace análisis y síntesis, inducción y
deducción; obtiene conclusiones y las formula como pautas para su
verificación práctica. La sistematización relaciona los procesos
inmediatos con su contexto, confronta el quehacer práctico con los
supuestos teóricos que lo inspiran. Asimismo, el proceso de
sistematización se sustenta en una fundamentación teórica y filosófica
sobre el proceso de conocimiento y sobre la realidad histórico-social. La
sistematización crea nuevos conocimientos a partir de la experiencia
concreta, pero, en especial -en la medida en que su objeto de
conocimiento son los procesos sociales y su dinámica- permite aportar a
la teoría algo que le es propio: explicaciones sobre el cambio en los
procesos. Con base en estas características propias, como ejercicio
intelectual que permite elaborar conocimientos desde lo cotidiano y
explicarse los factores de cambio en los procesos, es que la
sistematización puede contribuir de forma decisiva a la recreación y a
la construcción de teoría, dinamizando dialécticamente la relación
entre el conocimiento teórico ya existente –como expresión de saber
acumulado- y los nuevos conocimientos que surgen de las nuevas e
inéditas situaciones de las experiencias que vivimos. Este es un aporte
propio de la sistematización. El “contexto teórico” Afirmamos
que todas las personas que vivimos una experiencia y queremos
sistematizarla, utilizamos un conjunto de categorías de análisis que
nos sirven de referencia para iniciar la sistematización: todos
aquellos conceptos y conocimientos con los que fundamentamos la
práctica, con los que sustentamos lo que hacemos, con los que hemos
definido sus objetivos, prioridades y procedimientos (nuestra apuesta
institucional, nuestra visión del contexto y la coyuntura, nuestras
afirmaciones sobre el sentido del trabajo que realizamos, etc.). A ello
lo denominamos “contexto teórico” para diferenciarlo del tradicional
“marco teórico” con el que se acostumbra iniciar muchas investigaciones
y que consiste, en un cierto porcentaje de casos, en la identificación
de citas de autores en los que la persona o el equipo sustentan su
análisis e interpretación. En una palabra, el “contexto teórico” (más o menos explícito, más o menos riguroso, más o menos fundamentado) significa que ya contamos con análisis e interpretaciones
antes de iniciar la sistematización. Es con ese bagaje con el que
nosotros vamos a definir los objetivos de la sistematización, vamos a
delimitar su objeto, precisar el eje, formular los criterios de
ordenamiento y, también es la base fundamental de la que surgirán las
categorías para la interpretación. Si la Sistematización la entendemos como “La
interpretación crítica de una o varias experiencias, que a partir de su
ordenamiento y reconstrucción, descubre o explicita la lógica del
proceso vivido, los factores que han intervenido en dicho proceso, cómo
se han relacionado entre sí y por qué lo han hecho de ese modo”, vemos que –en definitiva- la interpretación crítica es el elemento más sustancial de la sistematización. Dicha
interpretación, no será realizada con otro “marco” teórico, más que el
proveniente de nuestro propio “contexto teórico”, aunque esto no
significa que vamos a utilizar de manera rígida y dogmática los
conceptos y categorías con los que ya contamos en el punto de partida.
Precisamente, una sistematización bien hecha nos podrá llevar a
cuestionar nuestros conceptos y categorías, en particular los que se
revelen como insuficientes para dar cuenta de los fenómenos y factores
que se expresan en la experiencia sistematizada. De ahí que, muchas
veces, una sistematización nos obligue a repensar nuestros
planteamientos, revisar nuestras concepciones, y a la necesidad de
buscar enriquecer nuestros conceptos y buscar nuevos elementos
teóricos. Es, quizás, la primera manifestación del aporte que una
reflexión crítica sobre la práctica puede hacer a las formulaciones
teóricas: ponerlas en cuestión. La historicidad de la interpretación “La esperanza es un ingrediente indispensable de la experiencia histórica. Sin ella, no habría historia, sino sólo determinismo. Sólo hay historia donde hay tiempo problematizado y no pre-asignado. La inexorabilidad del futuro es la negación de la historia” Paulo Freire De
acuerdo a lo señalado en el acápite anterior, afirmamos que no se trata
de llegar a “la” interpretación, única e indubitable de los procesos.
Que, siendo nuestra propia práctica la que se ha convertido en objeto
de sistematización, tenemos que reconocer que estamos cargados de toda
la riqueza de nuestra subjetividad cuando nos proponemos interpretarla.
Nuestras interpretaciones siempre estarán, pues, “preñadas” de
práctica. Siempre serán aproximaciones intelectuales históricamente
determinadas. Esto tiene, por supuesto, ventajas y riesgos. Las
ventajas tienen que ver con la utilidad concreta que la sistematización
nos aporta para entender de mejor manera lo que hacemos, motivándonos y
provocándonos interés desde nuestras propias necesidades, ya que
estamos plenamente involucrados en ser sujetos –y a la vez objetos- de
interpretación. Los riesgos principales provienen de la posibilidad de
no hacer una interpretación crítica, cuestionadora, rompedora de
esquemas, sino, por el contrario, una “interpretación” justificadora,
condescendiente, una mera explicación pasiva de lo que hacemos. El
contexto actual promueve esta segunda opción, por medio del discurso
dominante que insiste en convencernos que esta realidad es la única
posible y que no tiene sentido pensar en la posibilidad de transformar
la historia. Así, esta pereza mental y vital, esta cobardía intelectual
y anímica, esta complacencia tan acorde con los tiempos neoliberales y
autoritarios en los que vivimos, que nos reducen al acomodamiento
sicológico y a la mansedumbre del alma, que matan la rebeldía, la
curiosidad, la inquietud y la sospecha, dificultan el ejercicio de una
verdadera interpretación crítica, auténticamente histórica. Para la
sistematización de experiencias, el desafío principal consiste en poder
superar los aspectos narrativos y descriptivos que surgen de la
reconstrucción de la experiencia vivida. Superarlos, en el sentido de
ir a las raíces de los fenómenos, no perceptibles de forma inmediata:
las determinaciones estructurales, las interrelaciones entre los
diferentes elementos, la vinculación entre lo particular y lo general,
entre las partes y el todo. Además, poder identificar las
contradicciones y tensiones que marcaron el rumbo de la experiencia, en
la medida que significaron dilemas sobre los que hubo que tomar
opciones en determinados momentos y que ahora les buscamos explicación:
por qué pasó lo que pasó y no otra cosa; por qué hicimos lo que hicimos
y no otra cosa. La historicidad de la interpretación, en
definitiva, supone entender la lógica de la experiencia particular,
entrando en lo más profundo del proceso de ella misma, para descubrir
los hilos invisibles que la relacionan con la integralidad del momento
histórico del que forma parte y al que contribuye desde su
originalidad. Así será posible descubrir continuidades y
discontinuidades, coherencias e incoherencias, similitudes y
diferencias con otros procesos, reiteraciones y hechos inéditos...
“tiempo problematizado” como dice Paulo Freire, que nos permite mirar
siempre “la historia como posibilidad y no como determinación”. La “objetividad” de la sistematización El mundo no es. El mundo está siendo. Para mí, como subjetividad curiosa, inteligente, que interfiere en la objetividad con la que dialécticamente me relaciono, mi papel en el mundo no es sólo de quien constata lo que ocurre sino también el de quien interviene como sujeto de lo que ocurrirá. No soy sólo un objeto de la historia, sino, igualmente, su sujeto” Paulo Freire Este
tema ha sido y es causa de mucho debate e inquietud. Muchas personas se
preguntan si habrá suficiente “objetividad” para analizar una
experiencia de la cual ellas son protagonistas. Al margen de
considerar que esto amerita una reflexión epistemológica de mayores
alcances, podemos decir que –en realidad- la sistematización de
experiencias no aspira a “mirar las experiencias con objetividad”, sino
a objetivar la experiencia vivida, lo cual nos coloca
en un lugar totalmente distinto en cuanto sujetos de conocimiento. Se
trata de describir, ordenar, clasificar, los hechos, situaciones,
pensamientos, intuiciones con los que hemos actuado en la práctica,
para tomar distancia de ellos, para “sacarlos” de nosotros mismos y proyectarlos fuera, objetivando sus características y condiciones. Es
como si proyectáramos una película de lo vivido, para luego interpretar
su ritmo, su secuencia, la trama de sus procesos. Y ahí respondernos a
las preguntas de por qué pasó eso que pasó y por qué no pasaron otras
cosas. Así, de manera honesta e intelectualmente rigurosa, podemos
desbrozar los componentes y los trayectos, relacionar las partes y el
todo, lo particular y lo general de nuestras experiencias, desde una
mirada procesual. La interpretación seguirá siendo una aproximación
“subjetiva” para explicarnos nuestra práctica objetivada. Nunca
dejaremos de pertenecer a dicha práctica ni ella a nosotros. Pero, en
la sistematización, nos relacionaremos de manera distinta con la
práctica realizada, convirtiéndola en objeto de conocimiento y de
transformación. La interpretación y el sentido de la experiencia La
interpretación, como parte de un proceso de sistematización, permite
descubrir el sentido de una experiencia, o –más precisamente aún-
“construye” su sentido. Pero al hacerlo, la
interpretación pasa a ser, ella misma, parte de una nueva práctica.
Nunca será posible mirar de la manera anterior nuestra experiencia, una
vez que la hemos sistematizado. Podríamos decir que la sistematización
(como “interpretación crítica...”) se convierte en un inédito y
privilegiado lugar del camino, desde el cual ya no es posible volver
inocentemente atrás, porque hemos visto de tal manera el trayecto
andado, que nunca más lo podremos recorrer igual. De ahí en adelante
solo cabe seguir caminando a nuevos horizontes, iluminados por el
sentido de la interpretación realizada. Por supuesto que la
interpretación no existe sin construcción de discurso. Y un discurso
que debe tener coherencia y consistencia. No simplemente frases y
conceptos propios de las fases descriptivas y de ordenamiento, sino
discursos cargados de la fuerza de afirmaciones, negaciones o
interrogantes fundadas en las interrelaciones realizadas por medio del
ejercicio intelectual y teórico de análisis y síntesis. El discurso
interpretativo es el punto más complejo y profundo del proceso de
conocimiento de nuestra experiencia, porque se constituye como
abstracción directa de lo concreto vivido (es ahora, “lo concreto
pensado”). Pero no se trata de un discurso acabado. Tampoco se trata
de un monólogo. El discurso interpretativo es un discurso abierto
–necesariamente- a otras experiencias y a otras interpretaciones. Es,
como interpelación de la práctica, también discurso interpelador de
otros discursos y, asimismo, objeto de interpelación. Casi podríamos
decir que el discurso interpretativo de la sistematización es una
provocación a pensar y a debatir; es una verdad por indagar más que
dogma definitivo, es pista para seguir buscando. Por eso, desde la
sistematización de experiencias, no puede existir interpretación sin
diálogo, sin confrontación. Porque, además, la interpretación
-historizada y marcada a fuego por la práctica- no existe sin la
experiencia y su devenir. No es sólo interpretación del pasado, sino de
lo que está aconteciendo con nuestra práctica, de lo que hemos hecho
que suceda... y por tanto, es testimonio de una parte del trayecto, que
no se agota en mirar hasta el hoy de la experiencia, sino que deriva
naturalmente en la pregunta por el mañana, por el qué hacer, por el
cómo continuar, por el con quién seguir adelante. Desarrollar capacidades para cambiar las relaciones de poder Entendida
así, la interpretación crítica sólo puede ser completa, si deviene en
práctica transformadora. Por eso, la sistematización de experiencias
debe cerrar siempre cada ciclo de su espiral, con un retorno a la
práctica, enriquecido con los elementos teóricos. Por eso también, para
nosotros (como se vio claramente en la experiencia con la Población
Desarraigada de Guatemala), el proceso de la sistematización es –en sí
mismo- un proceso de educación popular. Esto significa que la
sistematización se constituye en un factor de formación de nosotros y
nosotras mismas. Una formación integral que nos ayuda a constituirnos
como sujetos críticos y creadores, desarrollando
nuestras capacidades para comprender, proponer y actuar en todos los
campos de la vida económica, social, política y cultural. Procesos
político-pedagógicos a través de los cuales se construye diversas
formas de protagonismo popular. Pero hay precisiones y autocríticas
importantes que hay que hacerle a esta afirmación. Por ejemplo, muchas
veces se entendía esa intencionalidad política como una mera
"transmisión de ideología" ó como un aporte a la "toma del poder" de la
administración del Estado. Se entendía que el Estado era el único o el
principal constructor de sociedad y que, por tanto, logrando acceder a
su administración, se podría cambiar la sociedad. Hoy necesitamos
recalcar en las múltiples formas de manifestación y ejercicio del
poder; insistir en que se deben construir nuevas relaciones sociales,
desde todos los espacios de la sociedad civil y que es preciso
fomentar un encuentro entre ésta y la sociedad política, para que la
representación, la gobernabilidad, la dinámica de cambios en el Estado,
esté alimentada por la dinámica viva de los procesos y los sujetos
sociales. Se trata, por tanto, no sólo de buscar cómo acceder al poder formal, ni sólo de acceder a él de otra manera, sino de construir otro tipo de poder:
un poder construido y ejercido con otra lógica y otros valores, que se
ejerza desde la ciudadanía, desde los espacios locales, desde nuevas
formas de pertenencia y participación en las organizaciones sociales,
movimientos y partidos políticos; desde formas diferentes de gobernar. Se
trata, en síntesis, de desarrollar capacidades para poder ejercer
nuevas relaciones de poder, que no sean autoritarias, excluyentes, de
dominación, de discriminación. sino relaciones equitativas, justas,
respetuosas de la diversidad y de la igualdad de derechos. Relaciones
que apunten a la constitución de una cultura democrática, que atraviese
todas las dimensiones de la vida: la pareja, la familia, el barrio, la
comunidad, el municipio, el país, el mundo. En conclusión, los
procesos de sistematización de las prácticas de los sujetos y
movimientos sociales latinoamericanos, tienen el desafío de
constituirse en factores de interpretación crítica y práctica
transformadora, aportando a la construcción de un futuro distinto,
entre otros campos: - en las iniciativas de sobrevivencia, para fortalecer la autogestión;
- en las instancias comunitarias y municipales para fortalecer la toma de decisiones colectivas y representativas;
- en
la formulación y ejecución de proyectos integrales de desarrollo para
enriquecerlos con mayor capacidad de análisis, de propuesta y de
proyección;
- en la educación ciudadana amplia que permita fundamentar la defensa de los derechos económicos, sociales, civiles y políticos;
- en
las instancias organizativas y políticas para renovar los métodos de
conducción con una formación más integral de la dirigencia y la base.
Las
pistas están abiertas; muchas experiencias, en distintosrincones de
América Latina, nos muestran las potencialidades de este esfuerzo.
Sigamos caminando en esa dirección. (13) San José, Costa Rica, Centroamérica agosto de 1998
(1)
Educador Popular y Sociólogo. Coordinador Regional de ALFORJA, una red
que aglutina siete centros de educación popular de México y
Centroamérica (Imdec, Ceaspa, Cep, Cantera, Funprocoop, Cencoph,
Serjus). Actualmente coordina el Programa Latinoamericano de Apoyo a la
Sistematización del CEAAL. (2) Jara, Oscar: “Para Sistematizar Experiencias”, 1ª. Ed, Alforja, San José, 1994. Presentación. (3)
Esta ponencia fue presentaLa responsabilidad metodológica fue asumida
por un Equipo de Coordinación Metodológica, conformado por educadoras y
educadores populares de Guatemala y otros países, conducido por SERJUS
y la Coordinación Regional de Educación Popular ALFORJA. Se contó con
el apoyo técnico de varias ONGs Guatemaltecas que venían trabajando con
población desarraigada: ADEPAC, COMADEP, CEMPERAC, PRODESSA, SERCATE.
Además, se contó con el apoyo y participación activa de la oficina de
UNESCO MAYA en Guatemala, quien hizo posible también el financiamiento
básico de todo este proceso, que involucró directamente a cerca de 90
promotores y promotoras y a cientos de participantes de las
organizaciones y comunidades de Población Desarraigada.da al Seminario
Latinoamericano de Sistematización de Prácticas de Animación
Sociocultural y Participación Ciudadana en América Latina, Medellín,
Colombia, 12 a 14 de agosto, 1998, organizado por la Fundación
Universitaria Luis Amigó y el CEAAL. (4) Entendemos por “popular”,
la referencia a todo aquel proceso social que busca superar relaciones
de dominación, de opresión, de explotación, de discriminación, de
inequidad, de exclusión. Visto positivamente, todo aquel proceso que
busca construir relaciones equitativas, justas, respetuosas de la
diversidad y la igualdad de derechos. Siguiendo a Helio Gallardo,
afirmamos que entendemos lo popular en dos sentidos, poniendo el acento
en el segundo de ellos: a) El referido al “pueblo social”, es decir a
los sectores que “sufren las asimetría La responsabilidad metodológica
fue asumida por un Equipo de Coordinación Metodológica, conformado por
educadoras y educadores populares de Guatemala y otros países,
conducido por SERJUS y la Coordinación Regional de Educación Popular
ALFORJA. Se contó con el apoyo técnico de varias ONGs Guatemaltecas que
venían trabajando con población desarraigada: ADEPAC, COMADEP,
CEMPERAC, PRODESSA, SERCATE. Además, se contó con el apoyo y
participación activa de la oficina de UNESCO MAYA en Guatemala, quien
hizo posible también el financiamiento básico de todo este proceso, que
involucró directamente a cerca de 90 promotores y promotoras y a
cientos de participantes de las organizaciones y comunidades de
Población Desarraigada.s sociales” (de cualquier tipo). b) El referido
al “pueblo político”, es decir a los sectores que “se movilizan para
cancelar dichas asimetrías”. Los procesos educativos y organizativos de
“carácter popular”, son siempre procesos transformadores, integrales,
propositivos y estratégicos, cuyos protagonistas son aquellas mujeres y
varones, de cualquier edad, que se organizan para construir nuevas
relaciones de poder en todos los terrenos de la vida. (5) Propuesta
de proyectos de sistematización de experiencias, presentada por Carlos
Zarco, Secretario General del CEAAL al Comité Directivo, febrero de
1998. (6) Igual a la nota anterior. (7) Todo este acápite está
basado directamente en: Luz, Mara y Ana Bickel: “Documento interno de
reflexión sobre la experiencia de sistematización con la población
desarraigada”, Alforja, Programa Regional de Formación Metodológica,
mayo y setiembre 1997. También en: Cepd/Unesco/Serjus/Alforja: “Informe
final de sistematización de las experiencias educativas y organizativas
de las poblaciones desarraigadas de Guatemala”, edición limitada,
Guatemala, noviembre 1996. (8) “Las partes solicitan a la Unesco,
la elaboración de un plan específico para apoyar y dar continuidad a
los esfuerzos de educación de las poblaciones en las áreas de
reasentamiento, incluyendo la continuidad de los esfuerzos realizados
por las comunidades durante el desarraigo” (Acuerdo para el
reasentamiento de las Poblaciones Desarraigadas por el Enfrentamiento
Armado, cap. II, inc. 6). Recordemos que la guerra interna desangró al
país por 36 años. Causó 150 mil muertos, 50.000 personas desaparecidas,
un millón de desplazados internos y más de 100.000 refugiados en el
exterior. (9) La responsabilidad metodológica fue asumida por un
Equipo de Coordinación Metodológica, conformado por educadoras y
educadores populares de Guatemala y otros países, conducido por SERJUS
y la Coordinación Regional de Educación Popular ALFORJA. Se contó con
el apoyo técnico de varias ONGs Guatemaltecas que venían trabajando con
población desarraigada: ADEPAC, COMADEP, CEMPERAC, PRODESSA, SERCATE.
Además, se contó con el apoyo y participación activa de la oficina de
UNESCO MAYA en Guatemala, quien hizo posible también el financiamiento
básico de todo este proceso, que involucró directamente a cerca de 90
promotores y promotoras y a cientos de participantes de las
organizaciones y comunidades de Población Desarraigada. (10) El
“Informe Final” es un documento de 402 páginas, constituido por los
siguientes capítulos: 1) Panorama histórico del desarraigo en
Guatemala. 2) Violencia, desarraigo y desarticulación: los desafíos
para la educación en la construcción de la paz. 3) Las experiencias
educativas en el desarraigo. 4) Potencialidades y limitaciones de la
experiencia educativa de la población desarraigada. 5) Recomendaciones
para el futuro. (NOTA: Lamentablemente aún no ha sido editado en un
tiraje suficiente para ser distribuido amplia y masivamente entre las
organizaciones y comunidades participantes, pero se espera que pronto
pueda hacerse). (11) Mara Luz y Ana Bickel: “Documento interno de
reflexión sobre la experiencia..”, Programa Regional de Formación
Metodológica, Alforja, mayo y octubre 1997. (12) Igual a la nota anterior. (13)
Quienes tengan interés en vincularse con los esfuerzos del Programa
Latinoamericano de Apoyo a la Sistematización del CEAAL, pueden
consultar en Internet: http://www.alforja.or.cr/sistem
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